Me vi una película que se llama The Bucket List. ¡Dios mío! No puedo explicar cuánto lloré (lloro con casi todas las películas que veo, soy un ser sensible), pero con esta fue la llorada de tu vida…
Y es que me puso a pensar un montón en los procesos de la vida de cada uno, y en cuántas personas pasan su día a día sobreviviendo, llegando a viejitos —a veces— tan tristes o amargados por no haber hecho algunas cosas que quizá los habrían hecho más felices. Cosas que soñaron y no pudieron, o no se atrevieron, a intentar.
También creo que vivimos en una época que, aunque tiene muchas cosas no tan buenas, ¡también tiene un montón que sí lo son!
Hoy, soñar y hacer esos sueños realidad es más alcanzable. Y no me refiero solo a los sueños materiales. Siempre he querido creer —y vivir con la convicción— de que hay muchas cosas más importantes que lo material.
Y de eso hablo aquí… de que somos (algunos) un poquito más conscientes de encontrar el disfrute en lo cotidiano, de hacer de nuestra vida algo más pausado, más disfrutable, más tranquilo. De realmente vivir y sentir que estamos viviendo.
A mí sí me gusta romantizar un poquito la vida, ¿por qué no? ¿Por qué no soñar con lo impensable? ¿Darle rienda suelta a lo que sentimos? ¿Crear cosas muy locas en nuestra mente y, mejor aún, exteriorizarlas? (Siempre que no sean dañinas pa’ otros, claro).
Ojalá pudiéramos, cada cierto tiempo, hacer una pausa intencional en nuestra vida para analizarla y preguntarnos si realmente estamos viviendo como queremos, o si así es como quisiéramos vivir siempre.
Seguramente, seríamos mucho más felices… incluso si eso implica tomar decisiones que nos lleven a cambiar algunas —o muchas— cosas.
Esa hora y 37 minutos de película valieron totalmente cada lágrima… Espero que no se nos pase la vida sin haberla disfrutado un poquito.


Deja un comentario