A veces escribo nació de un deseo y una idea: plasmar en un único lugar aquellos pequeños escritos que, de vez en cuando, me fluyen en momentos de confusión, reflexión o felicidad.
Suelo anotar cosas que me resultan interesantes, algo que vivo, que leo, que veo en una peli o serie, que escucho en un video, o que me comparten mis amigos, conocidos o incluso algún extraño. De esas notas suelen salir un montón de pensamientos extra que, para que mi mente deje de dar vueltas, necesito escribir.
A veces escribo surgió en uno de esos días en que estaba desahogando algo que tenía atascado, un momento de lucidez y reconocimiento de algo nuevo en mí. Que lo haga bien o mal, no lo sé; cada quien juzgará. Y es que, obviamente, no soy experta en esto, pues tengo un montón de errores gramaticales, la puntuación es mi mayor debilidad y las tildes… mejor ni mencionarlas. Estoy tratando de mejorar, pero también cuidando que este deseo de dejar plasmado todo no se convierta en una obligación, para que nunca deje de gustarme. Porque se ha vuelto una terapia: ese ratito de paz y tranquilidad en el que soy solo yo, mi mente y una notita en mi celular, en cualquier momento y lugar del mundo.
Este proyecto cada día significa un poco más para mí. Mostrarme vulnerable y contar cosas que pienso o siento nunca ha sido fácil, pero escribirlo sí. Hacerlo hoy, sabiendo que alguien más lo puede leer, es sin duda uno de mis mayores logros.
Aquí hay mucho de mi esencia: la MiLe sensible, que le gusta reflexionar sobre la vida; de la más profunda, la más confundida y también la más loca e irreverente, que poco a poco sigue trabajando en quitarse estereotipos y prejuicios.
Siempre escribo para mí, pero en este proceso he entendido que también lo hago para ese alguien que necesita leerse en otros… para que recuerde que no está solo, y que, a veces, las palabras de otro son el espejo más claro donde uno puede encontrarse.


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