Pequeños triunfos

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Con la certeza de que, en la vida, los sueños, las metas, los propósitos… todo lo que pasa por nuestra mente —llámese pensamiento, deseo, anhelo o cualquier otro— se logra, se materializa, se cumple.

Implica trabajo, obvio. Rara vez las cosas llegan porque sí, pero si les pones un poquito de ganas, llegan porque llegan.

Lo común: pelear con la desmotivación, con la pereza, con esas ganas de hacer algo más satisfactorio en el momento. Ese es el verdadero obstáculo, la prueba real. Ni siquiera lo es el sueño o la meta que tenemos.

Ponerse en acción, intentar, volver a intentar, maldecir, renegar, aburrirse, tirar la toalla y más… seguro todo eso hace parte del proceso. Pero volver a intentarlo y lograr algo, por pequeñito que parezca, es la victoria real: esa primera batalla ganada.

¿Cómo ganar más batallas? Intentando.

¿Ganaré la guerra entera? ¡Siiii! … ¿o no?

¿Cuándo? Puuuuufffff… quizá mañana, quizá el otro mes o incluso el otro año.

Pero estoy segura de algo: cuando llegue ese momento, seré más fuerte y estaré más preparada. El camino habrá sido la suma de muchos “pequeños triunfos” y de muchas “pequeñas celebraciones”. Y eso, estoy convencida, es lo que realmente significa éxito y felicidad.

Y ahora tú… ¿Cuáles han sido esos “pequeños triunfos” que te han hecho sentir mejor?

Quizá ahí, en esas pequeñas victorias cotidianas, está escondida tu definición más honesta de felicidad.

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