Creo que es verdad, pero desde un punto más profundo, menos banal, más desde la esencia del ser y no solo desde la apariencia o lo básico de nuestro actuar.
Cuando alguien, con rabia, te dice: “pensé que habías cambiado” (generalmente ese comentario está acompañado de una mirada o un tono que juzga), lo que no sabe quien lo dice es que sí, claro que sí, uno cambia, mejora ciertas cosas, elimina otras, evoluciona en varias más… pero no necesariamente en eso que esa persona esperaba.
Porque hay cosas que están más arraigadas a uno y que simplemente no van a cambiar, y que no necesariamente están mal.
Porque lo que somos desde la esencia, ciertas maneras de actuar y de pensar con las que crecimos (no necesariamente inculcadas en casa), no se van.
Por ejemplo: sos mierda, mala clase, malgeniado, etc. —como sea que prefieras llamar a eso del carácter “difícil”—, por más que uno intente manejarlo, mejorarlo, cuidarlo, controlarlo e incluso reprimirlo, hay momentos y/o personas que lo van a traer de vuelta.
En el mismo ejemplo anterior, puede ser que esa persona que te dijo “pensé que habías cambiado” sea, casualmente, esa que de una forma u otra funciona como “detonante” para que ese carácter de mierda —que intentas controlar y que tal vez un montón de personas más ni siquiera saben que tienes— aparezca.
O incluso puede ser que no sea la persona como tal, sino un comportamiento, una palabra o una expresión que usa.
Yo creo que pasa así con todo, con todo lo que somos y con todo lo que hacemos. Hay cosas que podemos cambiar fácilmente; hay otras, en cambio, que simplemente controlamos o dejamos guardadas para quienes las “merecen” (buenas y/o malas 😉).
Y tal vez todo esto era solo para decirme que no soy una mala persona, que no es que no haya crecido o aprendido nada en la vida.
O quizá para recordarme que puedo ser yo misma cuando quiero y cuando lo necesito…
O solo para justificar lo mierda que soy y ese carácter “difícil” que tengo.
No lo sabremos. 🍃


Deja un comentario