Hace algunos días escribí la frase «El amor puede salvarnos de todo», y yo no sé qué tan cierto es… Ese día, la frase simplemente vino a mi cabeza, pero sin una idea clara de lo que quería escribir. Hoy ni siquiera me acuerdo de en qué estaba pensando o qué estaba sintiendo en ese momento.
Hoy, sin embargo, sí tengo claro que el amor es algo que nos hace ser mejores de forma individual y que, de alguna manera, siempre queremos ser mejores para esas personas a las que amamos.
Ya todos sabemos que me encanta romantizar la vida y quienes me conocen en persona y han tenido la fortuna de compartir su camino conmigo saben que soy una loca enamorada. (Y digo «la fortuna» porque el amor también consiste en saber el valor que tienes y el valor de lo que ofreces a los demás).
Hoy estoy conscientemente enamorada del momento de la vida en el que estoy. De una forma u otra, ya entiendo que muchas cosas que he hecho, cosas que me han sucedido y decisiones que he tomado han tenido consecuencias absolutamente positivas que ahora sí puedo ver y agradecer.
El amor sí puede salvarnos. Y es que el amor no te cambia, pero un amor que da paz definitivamente te ayuda a ver la vida mucho más bonita. Ese amor que nos permite ser nosotros mismos y que, además, disfruta de eso, nos enseña que nunca ha estado mal ser quienes somos; simplemente, no todas las personas apreciamos las mismas cosas.
Y hoy definitivamente sí estoy pensando y escribiendo sobre el amor romántico: ese que llega cuando mejor estás contigo, en solitario, y que se queda con la intención de construir una vida a tu lado. Ese que te incluye en su día a día y en sus planes como si te conociera de siempre; ese que, sin importar qué, te cuida, te acepta y te valora.
Ese amor romántico e imperfecto que te muestra que no todos los días tienen que estar llenos de adrenalina, planes superelaborados o esa sensación de mariposas en el estómago. También existe ese amor en el que la rutina y lo cotidiano, el saber que están ahí el uno para el otro en el día a día, te generan paz y tranquilidad. Ese que sabes que es un lugar seguro y que, después de un largo día o una semana difícil, está ahí, con los brazos abiertos, para que puedas recargarte.
Amar y ser amado es, sin duda alguna, una de las mejores cosas que nos pueden pasar en la vida, y tener la capacidad de amar en presente hace que todo eso sea mucho más mágico y especial.
Amemos mucho, cada vez que podamos. 🍃


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